El cine negro es casi inexistente en la producción cinematográfica española desde 1950, en que Brigada criminal inauguró el género policíaco sin ambages. El realismo, la denuncia y la crítica social y política no encajan bajo una dictadura como la franquista. La ausencia de tradición entre los productores y la falta de verosimilitud en las narraciones hicieron el resto. En este contexto, durante más de setenta años, la relación entre el cine negro-criminal español y la novela negra autóctona ha sido escasa. Autores como Tomás Salvador, Manuel Vázquez Montalbán, Manuel de Pedrolo, Carlos Pérez Merinero, Juan Madrid, Andreu Martín o Antonio Muñoz Molina (también Georges Simenon o Friedrich Dürrenmatt) han visto sus novelas reflejadas en la pantalla, con mayor o menor fortuna, mientras los cineastas más consecuentes (Pedro Costa, Vicente Aranda, Enrique Urbizu...) apenas han podido (o pueden) cultivar el género con regularidad. Este es el trayecto: cine policíaco franquista, delincuentes quinquis y destape ensangrentado durante la transición, thrillers posmodernos en democracia, contornos de lo criminal con un toque de fantasía inexplicable... hasta llegar a las actuales películas criminales realistas que crecen como flores en el desierto.
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