Madrid, España
La poetisa nicaragüense Gioconda Belli funda en su escritura poética un reducto en el que la libertad se proclama a través de la rebeldía credo predominante, regido por el signo del amor como realidad absoluta y del erotismo como impulso hacedor de vida y de esperanza. Su verbo poético se alza en protesta junto con el de otras mujeres cansadas de las mordazas y los velos impuestos por una sociedad eminentemente patriarcal. La metáforas se revelan y la escritura se convierte en el templo de su cuerpo desudo y en foro de temores, confidencias y experiencias vitales propias del ámbito de lo femenino como la maternidad. La revolución de Belli está ligada a esta rebelión y la trasciende. La naturaleza de su revuelta y sus protestas, la convierten en heredera directa del espíritu de los exterioristas y en máxima defensora de la revolución sandinista. La obra poética de Gioconda Belli está sustentada por un sustrato cultural mestizo aunque sus raíces más auténticas son indígenas. La poetisa construye sobre éstas su presente, su futuro y en definitiva, su identidad. Podemos establecer de esta manera tres motivos o mitemas recurrentes en su escritura: el eterno retorno, la metamorfosis panteísta y el viaje del conocimiento. Asimismo, la tradición grecolatina y cristiana se ve reflejada en multitud de imágenes. Eros aparece como un dios universal. La erotización llega como una herencia inevitable de lo primigenio. El erotismo se proclama entonces como único eco y el amor se convierte en el ente modelador de lo elemental: el agua, el aire, el fuego y la tierra. Lo trascendental se elementaliza
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