El trabajo que presentamos tiene como objetivo analizar la religiosidad barroca en Sevilla a través de la figura de Miguel de Mañara. Una religiosidad que es fruto de una decidida política de implantación de la normativa emanada del Concilio de Trento, que en el caso del arzobispado de Sevilla se encauzó mediante la convocatoria de un Sínodo en 1604 por el arzobispo Fernando Niño de Guevara. El análisis de la trayectoria vital de Mañara tras enviudar, comparada con los resultados de Trento y el Sínodo de 1604 nos ha permitido constatar la realidad indiscutible de una religiosidad barroca, que tuvo en Sevilla uno de los lugares en los que alcanzó su máxima expresión y plasticidad.
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