El cuidado es, ante todo, un ejercicio práctico de amor. Es una de las características más humanas y un arte que ayuda y sostiene al enfermo, y a todo el que necesita de atenciones en el contexto de la enfermedad, como la familia, pero también fuera de ella: el cuidado es fundamental para el mantenimiento de la salud. Frente a la cultura de descarte, que promueve destrucción, el cuidado nos lleva por el sendero, a veces tortuoso, del soporte: sujetamos la mano del enfermo, del moribundo, del que siente angustia, lloramos con él, mantenemos la mirada mientras dura su dolor y acompañamos en el silencio, la escucha o la palabra.
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