La implantación del vehículo eléctrico en Japón se percibe como una transformación del sector y la sociedad. La fabricación supondrá un desdoblamiento entre software y hardware y la transformación de las cadenas globales de suministro. Aunque todavía nohay demanda suficiente para la autoconducción en Japón, los fabricantes invierten en I+D y en servicios de movilidad social gracias a su gestión de la tesorería. El gobierno apuesta por el hidrógeno y Australia es el nuevo socio energético del país. La etapa post-covid será de reglobalización prudente, donde la solvencia de los socios será decisiva.
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