Los actuales avances de la tecnociencia aplicados al ser humano y a su entorno, el planeta Tierra y el Universo, claman por poner un freno al galope biotecnológico. La construcción social de la ciencia en el tecnocosmos no permite la justificación al separar dos planos: la ciencia pura y la ciencia aplicada; la ciencia no puede prescindir de la ética. El derecho humano de la libertad de investigación tiene dos límites que no se deben sobrepasar, la dignidad de toda persona humana desde la concepción hasta la muerte natural y el respeto a la creación.
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