El patrimonio es, naturalmente, una construcción social (o cultural, como se prefiera). No existe en la naturaleza ni siquiera en todas las sociedades humanas ni en todos los períodos de la historia. Abusando el presentismo y del etnocentrismo podríamos hablar, por ejemplo, de las máscaras africanas, de los tesoros de los monarcas de la antigüedad, de las bibliotecas de los monasterios benedictinos, de los gabinetes de curiosidades ilustrados,... pero estaríamos hablando de cosas distintas entre sí y distintas, a su vez, de lo que actualmente entendemos como patrimonio. Como veremos más adelante, algo tiene el patrimonio de riqueza, algo de sabiduría, pero no son estos sus rasgos esenciales (es decir, aquellos que explican cómo y por qué se construye y se movilizan recursos para conservarlo y exponerlo), sino su carácter simbólico, su capacidad para representar, mediante un sistema de símbolos, una determinada identidad.
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