El estudio de la fiesta, como oposición a lo cotidiano, fue propiciado por los folkloristas del siglo XX y principios del XX porque constituía el fenómeno más vistoso y exótico de la vida rural. Además, los propios miembros de una comunidad lo destacaban cuando se les preguntaba. Los nativos, los informantes, y de modo general todos los encuestados, creían que el forastero que se interesaba por sus costumbres estaba acostumbrado a rasgos, herramientas, artefactos y conocimientos, en general, mucho más desarrollados que los que podía encontrar en aquel lugar apartado de la civilización, y por tanto, le respondían ofreciéndole lo mejor que poseían, de la misma manera que cuando les visitaba un alto personaje. (...).
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados