Cordoba, España
El mundo podía haberse acabado el 21 de marzo de 630. Ese día, un triunfante Heraclio entraba en la ciudad santa de Jerusalén para devolverle a su patriarca la más sagrada de las reliquias de la cristiandad: la Vera Cruz. Cuando los persas la asaltaron con el apoyo de los judíos en mayo de 614, se llevaron esta y otras reliquias que, con la firma de la paz, el general Shahrvaraz, se comprometió a devolver. Modesto, un monje que tras la muerte de Zacarías en el exilio persa había accedido al más alto puesto de la Iglesia jerosolimitana, recibió de manos del emperador aquellos restos de la pasión de Jesús encontrados por Helena, la madre de Constantino, en el siglo IV.
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