Cuando en 1964 Michelena reunió en su obra Textos arcaicos vascos todos los escritos eusquéricos breves entonces conocidos no pareció prestar mayor atención a la curiosa coincidencia de que varios de ellos tuvieran como común escenario la ciudad de México de fi nales del siglo XVII. Nosotros queremos esbozar aquí la posibilidad de que esta acumulación de testimonios en lengua vasca no fuera casual. Y que la creación en 1681 de la Hermandad (después Cofradía) de Aránzazu, que agrupaba a los vasconavarros de la capital novohispana, contribuyese a reafi rmar su identidad y el aprecio por su lengua materna.
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