Los neutrinos son las partículas más comunes y también las más extrañas del Universo. Su abundancia es tal que nos llegan muchos más neutrinos que fotones de luz del Sol, pero son esquivos y atraviesan la Tierra sin perder la compostura a razón de billones de ellos cada segundo. Por eso, casi 70 años después de su descubrimiento todavía sabemos menos sobre ellos que del resto de partículas que componen la materia. IceCube es el telescopio de neutrinos más grande del mundo, está enterrado bajo el hielo antártico, en el mismísimo Polo Sur, e intenta capturar neutrinos de muy alta energía, nacidos fuera de nuestra galaxia, y rastrearlos hasta sus remotos lugares de origen. Se trata de hacer una fotografía del Universo, pero no con fotones, esos temblores de luz, como es habitual en astronomía, sino con esta partícula de naturaleza fantasmal. De momento ya ha demostrado que, bajo su aparente quietud, el Universo brilla en neutrinos.
Under the ice of the South Pole, at a depth of between 1,500 and 2,540 metres, is installed a gigantic neutrino detector whose specific mission is to track these ghostly particles, which are hardly able to interact with matter. The device in question is known as IceCube and is made up of more than 5,000 light sensors that take advantage of the pristine Antarctic ice to detect the footprint of these elusive interstellar travellers, which have been passing through the Earth since the dawn of the universe.
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