Si convenimos que la arquitectura es una de las grandes artes, no podemos obviar aquella que fue realizada por diseñadores y constructores anónimos (alarifes, carpinteros, o incluso el propietario), a la cual hemos denominado como arquitectura popular. Las construcciones populares no son solo la respuesta a un medio natural y a unas formas de vidas agrícolas y ganaderas, sino que también están sujetas a condicionantes sociales, económicos o profesionales, y así veremos cómo la pertenencia a una clase social o a otra determinará los distintos modelos de viviendas en los pueblos. Una de sus características es su integración medioambiental, ya que los materiales de construcción son aquellos que proporciona el propio medio ambiente en donde se ubican. El empleo de la madera, la piedra o el adobe hace que los edificios estén perfectamente integrados en el medio natural, y constituye la manifestación de la cultura y la historia de las generaciones que nos han precedido. Esta arquitectura comienza a cambiar a mediados del siglo XX; en las décadas centrales de esa centuria se introducen novedades arquitectónicas, edificios diseñados por titulados universitarios, nuevos materiales para la construcción fabricados lejos de nuestra comarca, construcción de cuartos de baños y nuevos diseños de cocinas, instalación de alcantarillados, agua corriente y electricidad, creación del servicio de recogida de basuras, etc. Todo ello hará que cambien radicalmente las construcciones tradicionales de nuestra tierra.
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