Estados Unidos
Las diferentes interpretaciones del mito de los comuneros que surgen desde finales del XVIII prueban que la escritura de la historia no es una actividad desinteresada. Sus autores no se proponen tan solo investigar lo sucedido en el pasado, sino, sobre todo, intervenir en los debates del presente. Una sociedad que confronta problemas de convivencia debe tener en cuenta esa realidad. Negociar el futuro implica negociar el pasado. Desde finales del XVIII, los comuneros castellanos encarnan valores que tenían poco que ver con la causa que defendieron. Ciertos liberales, convencidos de la necesidad de un cambio radical en la España de su tiempo, pensaron que podían servirse de los promotores de la rebelión contra Carlos V para legitimar sus planes revolucionarios. La historia se convierte así en un campo de batalla en el que se dirimen los conflictos del presente.
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