La diferencia entre el ser humano contemporáneo y una máquina es que estos artefactos fueron creados para servir indefinidamente; el ser humano, por otro lado, ha decidido creer en el discurso capitalista que enuncia el rendimiento como la razón del éxito: “Y así es como […] [nos] acostumbraron con este misterio a una servidumbre voluntaria, al no saber qué dueño [tenemos] y averiguando difícilmente si realmente lo [tenemos]” (Gerbaudo, 2018, p. 14).
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