Madrid, España
Tres meses antes de las elecciones presidenciales norteamericanas, el presidente del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), Robert O’Brien, presentó en Florida el nuevo marco estratégico del hemisferio occidental. Curiosamente, la región es la única del mundo que ha preocupado tanto a la diplomacia pública del NSC como para publicar un documento de desarrollo de área que complete la Estrategia Nacional de Seguridad de 2017.
En principio, es sorprendente este tratamiento especial a Iberoamérica. Sobre todo, cuando la gran novedad de 2017 fue el reconocimiento expreso de China y Rusia como potencias que desafían el poder, la influencia y el interés de los Estados Unidos. Sin embargo, cuando se descubre lo que tiene de novedoso el documento respecto a las posiciones de anteriores administraciones todo termina encajando. En Iberoamérica actúan actores externos «que ejercen una influencia maligna».
Three months before the North American presidential elections, the president of the National Security Council (NSC), Robert O'Brien, presented the new strategic framework for the Western Hemisphere in Florida. Interestingly, the region is the only one that has concerned NSC public diplomacy so much to publish an area development document of the 2017 National Security Strategy.
In principle, this special treatment of Latin America is surprising. Especially when the great novelty of 2017 was the express recognition of China and Russia as powers that challenge the power, influence, and interest of the United States. However, when it is discovered what is new about the document with respect to the positions of previous administrations, everything ends up falling into place. In Latin America external everything is complicated because there are «adversary countries that exert an evil influence».
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