Creo que nadie estará en desacuerdo con la afirmación de que entre todas las categorías que se estudian en el ámbito de la Teología Moral Fundamental la noción de “conciencia” puede ser descrita coma la pieza de engarce de todas ellas. Lógicamente estamos hablando de la categoría de “conciencia moral”, la cual hay que distinguir de la “autoconciencia” de raigambre cartesiana y que ha pasado desde la filosofía y la psicología moderna a identificarse con la esencia de la persona humana, concepción esta última que se encuentra muy alejada de la antropología clásica y cristiana, aunque esto es harina de otro costal. Sin embargo, se debe reconocer que el pensamiento de la modernidad nos ha ayudado a comprender la conciencia en su aspecto dinámico, no solo en cuanto relación a la verdad que se debe conocer o vislumbrar, sino también como el lugar propio donde se realiza el discernimiento ético sobre situaciones especialmente complicadas en las que es difícil dar una respuesta ética adecuada, convirtiéndose dichas coyunturas en verdaderos “dilemas morales”
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