El presente capítulo nos propone un recorrido que parte de la espiritualidad del cuerpo, en clave artística. No somos partes fracconadas a las que instruir por separado. el arte posee esa ventaja holística, insuficientemente aprovechada, entre otros motivos, por la hipertrofia del concepto. Somos seres limitados y con tendencias limitantes: desde nuestra pequeñe< crónica evangelizamos a los demás. sin embargo el áscesis del artista comienza aquí: ver mejor, oir más, sintonizar con más precisión el mundo: en definitiva, experimentar más porción de realidad. en esto consiste su anhelo de verdad, lo que vuelve ética su propia búsqueda. No podemos cercenar por más tiempo la relación del arte con el espiritu: hacemos o cotemplamos arte para hacernos más humanos
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