La posibilidad de que una corte en Estados Unidos preste ayuda, con facultades coercitivas, para obtener pruebas a ser usadas en arbitrajes conducidos en otros países, puede ser un sueño o una pesadilla, dependiendo de la persona a la que se le pregunte. La interpretación que de esta facultad podría hacer próximamente la Corte Suprema de los Estados Unidos determinará el grado de potencial «americanización» de las pruebas ante la posible (e indeseable) importación de tediosos procedimientos de discovery probatorios al arbitraje o, en cambio y como consideramos deseable, el uso racional y constructivo del apoyo o auxilio judicial al arbitraje.
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