Juan de la Cruz es un poeta que ha sabido plasmar con gran belleza la admiración que le produce la naturaleza que contempla. A la sensibilidad lírica hay que unir su experiencia mística, que descubre la Hermosura divina reflejada en la multiplicidad de la naturaleza creada. Ella le sirve de escenario para orar; pero también es ella misma oración o canto agradecido al Creador. La mirada del contemplativo al universo es una mirada purificada, y por ello se le aparece como transparente y lleno de gloria divina.
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