Lo terminé, pues, en estos días, con la indefinible pizca de pesar que nos deja toda cosa buena que se acaba. Luego tomé con la punta de los dedos una metafórica hoja en blanco, la computadora no da para más, con el firme propósito de continuarlo transcribiéndote mis propias gavieras impresiones sobre lo leído. Me llamó especialmente la atención el espinoso asunto de las costumbres de los gatos en Turquía y, por ende, en algunas otras regiones de este anárquico mundo.
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