El auge de la piedad popular despierta desde hace unos años el interés en ámbitos eclesiales en los que pasaba desapercibida. Ya el Papa Pablo VI en sus Exhortación Apostólica Postsinodal Evangelii Nuntiandi, publicada en 1975, llamaba la atención sobre esta realidad. La piedad popular tiene una especial fuerza como medio para la evangelización en una sociedad cada vez más secularizada. La liturgia y la predicación, el sacramento de la reconciliación o la fe vivida en familia encuentran en las expresiones de piedad popular un oasis en el que se siguen alimentando muchos cristianos en la actualidad.
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