Fue en el ultimo cuarto del siglo XIX cuando en España se creó un cuerpo simbólico republicano y popular específico, y se puso en marcha una ritualización conmemorativa que se quiso alternativa a la del mundo oficial y la monarquía. Existió en este sentido un amplio calendario, incluía, junto a las tres fechas más generales y compartidas -el 11 febrero (de 1873), el 14 de julio (de 1789) y el 29 de setiembre (de otras muchas referidas a las insurrecciones y mártires propios, así como a las diversas resistencias locales ante los ataques carlistas. En el centrado en el análisis del 11 de febrero, se sistematizan las pautas formales de la celebración y se intenta el análisis de su significado y papel de las diversas culturas políticas republicanas de la época.
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