Los estudios comparativos internacionales muestran que la población española tiene una baja tendencia a la migración. No obstante, las cifras agregadas de movilidad esconden una heterogeneidad geográfica compleja, pues la intensidad migratoria difiere según el territorio y el nivel educativo de los individuos. Los balances interprovinciales de población española poco cualificada son relativamente equilibrados, exceptuando las lógicas espaciales de desconcentración, pero la dinámica migratoria de los jóvenes con educación universitaria genera procesos importantes de descapitalización en las provincias despobladas y acumulación en los territorios con mayores densidades demográficas. A pesar de la importancia que se ha dado a la emigración de españoles hacia el extranjero durante los últimos años, se trata de un fenómeno poco significativo si se compara con las migraciones internas. La inmigración extranjera ha contribuido a acrecentar los procesos de concentración, pues los foráneos que llegaron a las provincias despobladas presentan un nivel educativo medio o bajo, mientras que los más cualificados se concentraron en las mismas áreas receptoras del talento local.
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