Desde tiempo inmemorial los monarcas, para asegurar el buen orden, disciplina, y eficacia de sus huestes, mesnadas o tropas asalariadas, dictaron las pertinentes normas, a las que dieron en llamar «Ordenanzas» cuando ya estas huestes alcanzaron la categoría de ejércitos permanentes. Este importante hecho trajo consigo una regulación jurídica más cuidadosa, originadora de un Derecho Militar en un sentido más propio y estricto. En su virtud, la Justicia Militar ha tenido que recorrer durante siglos un largo y sinuoso camino plagado de improvisaciones, reformas, hasta verse incluso obligada en ocasiones a tomar graves decisiones sobre los mismos escenarios bélicos en que se había cometido el delito para sancionar
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