La úlcera gastroesofágica determina un cuadro lesional característico, con animales que normalmente presentan buen estado de carnes y una palidez evidente. La apertura del estómago es reveladora, con un contenido formado por sangre coagulada mezclada con el pienso. El epitelio pasa de ser blanco nacarado, brillante y suave a estar engrosado, rugoso y con tonos amarillo-verdosos. Este epitelio se erosiona y, finalmente, da lugar a úlceras agudas o crónicas que tratarán de ser reparadas por cicatrización. Microscópicamente, los cambios se inician con la aparición de paraqueratosis, que desemboca en la aparición de erosiones, que a su vez se hacen más profundas, dando lugar a la úlcera. A continuación se produce un tejido de granulación que dará lugar finalmente a una cicatriz. Sin embargo, todo este mecanismo de reparación no asegura que no se produzcan focos de reactivación de la úlcera que lleven a la muerte del animal.
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