La necesidad de emplear métodos rigurosos y cuantificables para identificar y valorar los niveles de riesgo tomados por la concesión de créditos comerciales a los clientes, ha despertado el interés por los modelos de calificación crediticia, tradicionalmente empleados por las entidades financieras, en las compañías.
La principal ventaja de estos modelos, además de la variedad de aplicaciones en la definición de políticas comerciales y, por tanto, en la gestión del proceso crediticio comercial y de los riesgos derivados, es la sistematización de los procesos de admisión y segmentación de la cartera de clientes, con base a criterios medibles de solvencia de los clientes y de probabilidades de incumplimiento de los cobros previstos.
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