Durante la década de los ochenta y noventa se extiende en gran número de películas un estilo visual neo noir que, a través de diferentes procesos de laboratorio, consigue una imagen caracterizada por la escasa saturación del color, el alto contraste y la prevalencia del negro. La introducción del intermedio digital a finales de la década de los noventa, junto con la mejora en los sistemas digitales de captación de la imagen y la digitalización progresiva de las salas cinematográficas, provoca que durante la primera década del siglo XXI prevalezca un modelo híbrido de transición que combina el material fotosensible y el digital, Las y los creadores dirigen su atención hacia otras formas de experimentación con las nuevas posibilidades ofrecidas por el ID, entre las que destaca el estilo melancólico.
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