La evolución de la iluminación cinematográfica no está exenta de escarceos con las propias tendencias a las que retroalimenta. En numerosas ocasiones resulta muy difícil establecer qué fue primero, el huevo o la gallina. Un ejemplo paradigmático es el de las luminarias basadas en LED. Debido a su naturaleza puntual, la introducción de esta tecnología se produjo en el campo de la iluminación de espectáculos, en fuentes muy dirigidas en las que la calidad de reproducción cromática no revestía importancia. Pronto resultó evidente que la fiabilidad del color y la genereación de blancos de amplio espectro requería de un control estricto de la temperatura de las luminarias y que esto implica una importante limitación en las potencias de salida de fuentes que estuvieran destinadas a los segmentos más exigentes del cine y la televisión. Los ventiladores, en un principio, generaban demasiado ruido y había que procurar emplear amplias placas de disipación de calor. Todo ello contribuyó de forma nada despreciable a la engañosa identificación entre las luminarias LED y la luz suave (generada a través de paneles, en lugar de por medio de haces concentrados mediante dispositivos ópticos tradicionales como las lentes Fresnel).
El desarrollo paulatino de diodos de mucha mayor eficiencia energética, las diferentes estrategias alternativas de disipación del calor y las mejoras en los materiales de fabricación y en los sistemas ópticos adaptados a matrices LED han devuelto parte del control a los profesionales, tras un periodo de ligero hartazgo con la predominancia de fuentes difusas y la ausencia general de contraste, dramatismo y matices de las que adolece una importante parte de la producción de ficción contemporánea. Las potencias de consumo son mucho mayores, el ruido de los ventiladores está mucho mejor controlado y el haz de luz generado por las matrices es mucho más flexible. La reproducción fiable del color ha dejado hace mucho de ser un problema irresoluble, si bien –como veremos a continuación- sigue uno de los principales motivos de preocupación por causas diferentes a aquellas que nos acuciaban con la aparición de los primeros ejemplos de esta tecnología.
Como ocurriera en su día con los paneles, existe toda una pléyade de opciones con las que trabajar en lo que a fuentes LED puntuales se refiere. El dispositivo que hemos decidido probar en esta ocasión presenta una serie de prestaciones y características que responden a una forma diferente de afrontar los problemas que también aspiran a resolver el resto de modelos que inundan el mercado.
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