La cirugía de la hernia inguinal ha avanzado poco en las últimas dos décadas. La mala comprensión de la anatomía de la ingle ha resultado ser un terreno fértil para la explotación de la industria. Es cierto que el canal inguinal puede resultar un laberinto confuso donde uno puede perderse fácilmente. Al mismo tiempo, no debemos caer en la advertencia de Chomsky según la cual “la educación es un sistema de ignorancia impuesta”, que, agrego, debe combatirse con uñas y dientes.
Las abundantes pruebas de colegas eminentes han sido convincentes para asegurar que no todo lo que está escrito o publicado debe considerarse como una verdad bíblica. De particular relevancia hoy en día es el uso desenfrenado de las mallas, que nunca se ha justifi cado. El atractivo de una operación fácil, la perspectiva de excelentes resultados y la sensación de logro han incitado a nuestros cirujanos a abrazar una panacea tan improbable como el cuerpo extraño «inerte», el polipropileno, como solución. La evidencia apunta de otra manera: decepción en términos de dolor crónico, diseyaculación, dolor relacionado con la relación sexual y erosión de los nervios y de los órganos adyacentes.
Es hora de reconsiderar esta nueva complejidad con integridad y diligencia.
Wall hernia surgery has proceeded with little predictability in the last two decades. The poor understanding of the anatomy of the abdominal wall, and the groin in particular, has turned out to be a fertile ground for the industry to exploit. True, the inguinal canal can be a confusing warren if not a Daedalian labyrinth where one can easily be lost.
We must simultaneously not fall for what Noam Chomsky has warned us about, that: “education is a system of imposed ignorance”, which, I add, must be fought tooth and nail.
Abundant evidence from eminent colleagues have been convincing that not all that is written or published is to be considered biblical truth. Alas! Of particular relevance nowadays, is the unbridled use of olefi n meshes which has never been warranted. The lure of an easy operation, the prospect of excellent results, the sense of accomplishment have all enticed our surgical community to embrace such an unlikely panacea as an “inert” foreign body as polypropylene.
The evidence is pointing otherwise: disappointment in terms of chronic pain, dysejaculation, sexual pain, erosion of nerves and into adjacent organs.
It is time to reconsider this new complexity with many a sober thought, with integrity and diligence.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados