El confinamiento ha llegado también a prisión: nada de locutorios, nada de vis a vis, nada de abogados, nada de permisos a internos de segundo grado, nada de salidas programadas, nada de talleres, nada de cursos, nada de actividades que pongan fin a la maldita rutina… Las entradas y salidas quedan reducidas a lo esencial. Doble encierro
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