La comunicación juega un papel cada vez más relevante en la prevención, en la gestión y en la atención a los afectados por catástrofes naturales en todo el mundo. Un uso adecuado de los protocolos de información y de los canales de comunicación son cuestiones clave para reducir la pérdida de vidas humanas y disminuir el altísimo coste económico que producen las catástrofes de origen natural cada año. Los avances tecnológicos unidos a la universalización de la telefonía móvil, del uso de internet y de las redes sociales, permiten transmitir y recibir mensajes que aceleran la toma de decisiones, amortiguan las situaciones de incertidumbre, reducen las pérdidas y generan tranquilidad en las personas que han sufrido las consecuencias de forma directa y en la sociedad en general. La facilidad de acceso a la información y a ser informador también abre la posibilidad de que se publiquen fake news que generan alarma y distorsionan la realidad. Además, los periodistas que cubren estos extraordinarios sucesos viven en el difícil equilibrio entre contar con ética y profesionalidad la realidad o caer en la tentación de optar por información sensacionalista para incrementar su notoriedad, el tráfico en sus webs y las interacciones de los usuarios.
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