Los dos viejitos que habitan La casa tomada apenas saben cómo reaccionar cuando empiezan a notar que alguien, una presencia desconocida, está viviendo en una de las habitaciones de su piso. No aciertan a comprender cómo pudo pasar, si apenas los accesos están descubiertos y la casa es vieja ya como ellos y está habitada. Con la presencia desconocida llega la vejez, tal vez la decadencia de un cuerpo físico poblado ya por demasiados fantasmas sin ocupación. Así también con nuestras sociedades occidentales, así también con las diversas crisis que pueblan la existencia del capitalismo tardío.
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