En el luminoso camino de Santiago, que de todos los lugares trae gentes, no puede faltar el andar peregrino de los ceramistas. Los que vienen de tierras lejanas y los que viven en la bendita tierra donde el Apóstol descansa y perdona, se encuentran en los caminos y se unen en la ofrenda. Traen barro en la mano y una lágrima de arrepentimiento en el corazón.
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