La música ha sido objeto de estudio desde las ciencias sociales, debido al interés por analizar las relaciones colectivas que se generan al momento de crearla, escucharla y compartirla. Algunos resultados de investigaciones locales alrededor de la música muestran su importancia como generadora de hechos que asocian comportamientos individuales en torno a expresiones artísticas llenas de estética y sonido, creando identidad e historia colectiva; el rock, el metal y otros géneros musicales son ejemplos de esto. La música como hecho social puede ser clasificada como una de esas expresiones que son generales a la humanidad, pero que diferencian comportamientos y creencias culturales específicas de grupos sociales locales. Es una línea de comunicación entre lo general y lo particular, y permite dilucidar las relaciones entre individuo y sociedad.
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