Vivimos en una sociedad que oferta entretenimiento sin interrupción, pero no parece que seamos más felices: así lo reflejan los datos de consumo de psicofármacos y el auge de movimientos que tratan de llenar el vacío que araña los días. En medio de este torbellino, la palabra y, en concreto, la poesía encierran propiedades terapéuticas. El libro superventas de Lou Marinoff, Más Platón y menos Prozac, me ha inspirado el título de este ensayo.
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