“Lo que no aparece en los medios, no existe”. Sin embargo, es también cierto que mucho de lo que aparece en los medios solo existe en ellos. Esta contrastada evidencia pone en tela de juicio la función de los periodistas como legítimos intermediarios de la información y de los medios como reflejo de la realidad social; funciones que, al no cumplirse, tienen como inmediata consecuencia la vulneración del Derecho a la Información de la ciudadanía. Un segmento del derecho humano a saber que es clave para la pervivencia de una sociedad democrática y de las libertades humanas. El informe “Un solo mundo, voces múltiples”, elaborado en 1980 por la comisión de la Unesco presidida por Sean MacBride, exponía el desequilibrio del flujo informativo y se planteaba la necesidad de mayor justicia en el intercambio de información, así como de menor dependencia en relación a las corrientes de comunicación. Todos las prevenciones de ese informe se han cumplido y hoy es urgente una tarea de regeneración de los medios y de reinterpretación de la función del periodismo, si aspiramos a que contribuyan a la regeneración democrática bajo los perfiles de una democracia real que vaya mucho allá de las formulaciones que traicionan su esencia. Una aproximación hacia la democratización de la información debe pasar por la puesta entre paréntesis de conceptos como libertad de prensa, libertad de expresión o libertad de información; que han quedados vacíos de contenido en la sociedad actual. Estas libertades han sido confiscadas por una parte de nuestra sociedad y perdido su capacidad de función social; al mismo tiempo que la nueva configuración de nuestras sociedades hace anacrónicas una interpretaciones que fueron vigentes en el siglo XIX. Sin embargo, las nuevas herramientas de la comunicación hacen más posible que nunca que algunos de esas libertades tengan un eficacia real.
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