(Olmedo, 6, inv. 115) Las calamidades públicas y tempestades políticas del primer cuarto del siglo xix en España que menciona el poema fueron, sin duda, la grieta desde donde se pudieron concretar las independencias hispanoamericanas. La inspiración de las musas transporta al Libertador al río Guayas y, tras el primer triunfo, hace su aparición el espíritu gigante del inca Huayna-Cápac para traer a la memoria la conquista padecida por los indígenas: yo soy Huayna-Cápac, soy el postrero del vástago sagrado; dichoso rey, mas padre desgraciado. En [poemas de] Andrés Bello, José Joaquín Olmedo y Bartolomé Hidalgo, el texto literario se convierte en un espacio ideal para dilucidar por un lado las mecánicas relaciones coloniales de explotación y expropiación mineral y por otro para imaginar el futuro postcolonial y el papel (o su ausencia) de la industria minera en ese nuevo escenario. Una amistad épico-lírica cancelada?, en Boletín Cultural y Bibliográfico de la Biblioteca Luis Angel Arango, vol. iii, n.° 10, pp. 657-660.
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