A pesar de los objetivos insurgentes que estos dos escritores tienen en común, sin embargo, nuestra lectura se empobrecería si no reconociéramos la presencia/ausencia de lo afro como un referente histórico que condiciona en gran medida el significado de los dos cuentos y, por extensión, la recepción del jazz por los diversos públicos dentro y fuera de eeuu. Por eso, pese a los reclamos de Johnny, Bruno optó por [...] no tocar la segunda edición del libro, seguir presentando a Johnny como lo que era en el fondo: un pobre diablo de inteligencia apenas mediocre, dotado como tanto músico, tanto ajedrecista y tanto poeta del don de crear cosas estupendas sin tener la menor conciencia (a lo sumo un orgullo de boxeador que se sabe fuerte) de las dimensiones de su obra. En el fondo, Johnny es el «chimpancé» (587), «un mono en el zoo» (593), «ese chimpancé enloquecido» (620), «realmente el chimpancé que quiere aprender a leer, un pobre tipo que se da contra las paredes» (623) y, finalmente, Bruno reacciona a las críticas de Johnny con «Este mono salvaje» (633). Dejarse atravesar por la influencia de otra entidad, sea esta alguna deidad o algún ancestro, nos parece pertinente no solo a lo que experimenta el viejo cuando cree escuchar la música perdida de Parker Rodríguez Ayobí, sino que sugiere diversos registros de interpretación de la música originaria de Bird que, en «El perseguidor» y «Be Bop», funciona como una fuerza trascendental.
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