Teresa tiene cuatro años cuando los poderes locales intentan un proceso fiscal contra los Sánchez de Cepeda, que habría de llevarlos ante un tribunal para demostrar que eran hidalgos, aunque desprovistos de feudo y título, y por lo tanto exentos de impuestos. El concilio de Trento, que abre una nueva era para la fe cat?lica, necesita a Teresa, cuya experiencia se adapta perfectamente a esta renovaci?n, sin reducirse a ella. ? Tampoco se confunde con el «¿Qué sé yo?» de Montaigne, el contemporáneo de Teresa, porque, sin abandonar la fe cristiana, sin embargo sospechosa de «encerrar el poder divino en las leyes de nuestra palabra», el bordelés prefería rehabilitar las filosofías pirrónicas; sustituía las proposiciones afirmativas por la duda, y gustaba del símbolo de la balanza para representar ese Yo dubitativo, en las antípodas de los arrobamientos teresianos. Su castillo solo es interior a condición de decantarse a través del Otro exterior, irreductible y que sin embargo incluye cuerpo y alma; sensible y significable.
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