Engolfábase su alma en un mar de amargura al considerar lo mucho que su Dios era desconocido y ofendido. Y como me vi mujer y ruin, y imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor, (y toda mi ansia era, y aún es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que ésos fuesen buenos), determiné á hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mesmo, confiada en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar á quien por Él se determina á dejarlo todo; y que siendo tales cuales yo las pintaba en mis deseos, entre sus virtudes no temían fuerza mis faltas, y podría yo contentar en algo al Señor, y que todas ocupadas en oración por los que son defendedores de la Iglesia, y predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en lo que pudiésemos á este Señor mío, que tan apretado le traen á los que ha hecho tanto bien, que parece le querrían tornar ahora á la cruz estos traidores, y que no tuviese adonde reclinar la cabeza. No, hermanas mías, por negocios acá del mundo, que yo me río y aun me congojo de las cosas que aquí nos vienen á encargar supliquemos á Dios, de pedir á su Majestad rentas y dineros, y algunas personas que querría yo suplicasen á Dios los repisasen todos ellos" Estáse ardiendo el mundo: quieren tomar á sentenciar á Cristo, como dicen, pues le levantan mil testimonios; quieren poner su Iglesia por el suelo, ¿y hemos de gastar tiempo en cosas, que por ventura si Dios se las diese, temíamos un alma menos en el cielo? No es, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia" «Tornando á lo principal para lo que el Señor nos juntó en esta casa, y por lo que yo mucho deseo seamos algo para que contentemos á su Majestad, digo que viendo tan grandes males, que fuerzas humanas no bastan á atajar este fuego de estos herejes, y que va tan adelante, hame parecido es menester; como cuando los enemigos en tiempo de guerra han corrido toda la tierra, y viéndose el señor de ella apretado, se recoge á una ciudad, que hace muy bien fortalecer, y desde allí acaece algunas veces dar en los contrarios, y ser tales los que están en la ciudad, como es gente escogida, que pueden más ellos á solas, que con muchos soldados, si eran cobardes, pudieron y muchas veces se gana de esta manera victoria; al menos aunque no se gane, no los vencen, porque como no haya traidor, si no es por hambre, no los pueden ganar.
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