En el ámbito de la psicoterapia se considera necesaria la supervisión para poder realizar un buen quehacer en nuestras intervenciones. Bien sea ésta individual, encontrándose en ella dos miradas, supervisor/ supervisando, que se entrecruzan en un doble sentido bidireccional y en donde el principal foco suele ponerse en el análisis contratransferencial, o bien sea ésta grupal.
En el presente artículo se exponen reflexiones de un grupo de terapeutas procedentes de diversos contextos:
privados, institucionales y asociativos que, infectadas por “el virus” de la Terapia Familiar Sistémica decidieron encontrarse para cruzar varias miradas (supervisora/ supervisandas [sic]) en una red cuidadosamente tejida que ha permitido crear un espacio seguro.
Desde este complejo entramado que supone el contexto de supervisión, presentamos una breve intervención sobre una familia traída a sesión en vivo en la cual oficiaron como terapeutas la supervisora y la terapeuta portadora de la familia y el resto de compañeras ejercimos como Equipo Reflexivo, así como, en determinado momento, interviniendo como “yoes auxiliares” en una suerte de juego de roles ilustrativo para la familia.
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