Como un viejo mandril descerebrado, con el culo en carne viva, sondado, entubado y babeante, murió en Figueres, hace un par de semanas, Salvador, el viejo esclavo de la tártara Elena Dianonoff, alias Gala. El anciano sirviente expiró en Torre Galatea, habitación de servicio, en definitiva, del fastuoso Castillo de Púbol, lugar a donde el no tenía acceso sin previo aviso y sin autorización concreta de su dueña.
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