Un edificio de dos plantas lleno a rebosar de equipos de grabación y reproducción musical, mesas de mezclas, cassetes, discos...Un despacho atestado de compact-disc, micrófonos, aparatos de radio, todo ello conviviendo con instrumentos antiguos, como el saxo que reposa en el suelo, dignos de figurar en un museo. Aquí transcurre la vida de Bartolomé Espadalé, un hombre que, curiosamente, no sabe de música y se niega, por ello, a ser fotografiado con el saxo en las manos. No es capaz de tocar ningún instrumento, pero conoce a la perfección todas las posibilidades, presentes y futuras, del sonido.
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