Madrid, España
Son pocas las montañas en Europa meridional que no tienen un piso de vegetación bien desarrollado en el que las coníferas montanas sean protagonistas dentro de la vegetación forestal natural. La cordillera Cantábrica es una de esas excepciones, que ya en el siglo XIX, Willkomm y Lange se apresuraron a destacar, asumiendo el posible carácter relicto de los escasos pinares montanos existentes entonces en la montaña Cantábrica. Por otro lado, los yacimientos paleobotánicos de edades Tardiglaciar y Holoceno temprano con macrorrestos de pinos montanos en la Cordillera son muy numerosos: el género Pinus protagoniza durante ese período la recuperación forestal en gran parte del norte de la Península, formando bosques tanto en las montañas como en amplias zonas de la cuenca del Duero. El aumento de temperatura y precipitación en los inicios del Holoceno, determinante en el proceso de expansión arbórea, provocará un declive temprano de los pinares en toda el área noroccidental ibérica, que fue más brusco y repentino en las zonas más atlánticas de la cordillera Cantábrica. Los táxones caducifolios (encabezados por Quercus y/o Betula) encontraron en este clima templado una ventaja que les permitió competir con éxito frente a las formaciones de coníferas dominantes en el Tardiglaciar, desplazándolas en muchas áreas. Los pinares sin embargo se mantuvieron en distintos lugares pero sobre todo en las vertientes meridionales interiores, más continentales y secas.
No obstante, varios factores inducen a pensar que el clima no es el único factor responsable de la retracción generalizada de los pinares en el Holoceno. Aunque la inercia de masas con individuos longevos previamente establecidos en el área conferiría un amplio margen a esas formaciones para mantenerse, la concurrencia de incendios, bien de origen antrópico o climático, pudo constituir un desencadenante de procesos desestabilizadores de los estados competenciales a favor de las rebrotadoras. Además de los fuegos, o asociados a ellos, la eliminación antrópica del bosque y un incremento simultáneo del pastoreo pudieron sumarse a los factores responsables de la disminución de la capacidad recolonizadora do los pinos supervivientes.
There are very few mountains in Western Europe which do not have a well-developed tier of vegetation in which mountain conifers play the main role in natural forest vegetation. The Cantabrian Mountain range is one of those exceptions, which Willkomm and Lange hastened to highlight the 19th century, assuming the possible relict character of the few mountain pine groves then existing in the Cantabrian Mountains. The palaeobotanic sites of the Late-Glacial and early Holocene with macroremains of mountain pines in the mountain range are very numerous: the Pinus genus is the main player in forest recovery during this period in most of the north of the Peninsula, forming woods both in the mountains and in wide zones of the Douro river basin. The increased temperature and rainfall in the early Holocene, decisive in the arboreal expansion process, was to cause an early decline in pine groves in the whole Iberian north-western area, which was more brusque and sudden in the more Atlantic zones of the Cantabrian mountain range. Deciduous taxa (headed by Quercus and/or Betula) found that this temperate climate was an advantage that allowed them to successfully compete against the conifer formations dominant in the Late-Glacial, displacing them in many areas. The pine groves, however, remained in different places but, above all, on the more continental, dry interior southern slopes.
Nevertheless, various factors incline one to think that climate was not the only factor responsible for the generalised retraction of pine groves in the Holocene. Although the mass inertia with long-lived specimens already established in the area would confer a wide margin for maintaining those formations, the concurrence of fires, of either anthropogenic or climatic origin, could trigger processes which destabilised the competitive states in favour of resprouters. In addition to fire, or associated with it, anthropogenic elimination of woods and a simultaneous increase in grazing could be added to the factors responsible for decreasing the recolonising capacity of the surviving pines.
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