A lo largo de la historia del capitalismo, nunca ha habido una clase obrera homogénea. La heterogeneidad y la diferenciación es consecuencia de la división social del trabajo por raza, género, etnia, clase, ideología, culturas, etc.
Las personas trabajadoras, migrantes y no migrantes, son tratadas por el empresariado y los estados que dictaminan políticas sobre el trabajo, solo y exclusivamente como «fuerza de trabajo», y desde la última década del siglo XX (años 80), como mercancía desnuda de derechos sociales y laborales, siendo las migrantes «no cualificadas», quienes sufren las consecuencias más negativas, hasta deshumanizarlas.
Los mecanismos de diferenciación (políticas migratorias criminales), llevan a la inequidad y las divisiones entre la gente que trabaja. Mecanismos planificados desde el poder y los estados que resultan cruciales en cada etapa del desarrollo capitalista.
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