Los sucesos políticos que acompañan la configuración actual del sistema mundial tienen en la diversidad cultural una fuente inevitable de contradicciones, resistencias y conflictos intrasociales. Contrario a lo previsto décadas atrás, el llamado proceso de globalización no está provocando homogeneidad sociocultural; por el contrario, va acompañado de un notable renacimiento de las identidades (Díaz-Polanco 2006), muchas de las cuales se expresan en los planos individuales y transitorios propios de la lógica cultural del capitalismo avanzado. Aunque, al mismo tiempo, hay identidades ancestrales que están reforzando su sentido de colectividad y territorialidad para mantener y reproducir sus tejidos comunitarios tradicionales.
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