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Resumen de Recommendations for the diagnosis and treatment of Clostridioides difficile infection: An official clinical practice guideline of the Spanish Society of Chemotherapy (SEQ), Spanish Society of Internal Medicine (SEMI) and the working group of Postoperative Infection of the Spanish Society of Anesthesia and Reanimation (SEDAR)

Emilio Bouza Santiago, José María Aguado, Luis Alcalá, Benito Almirante Grajera, Patricia Alonso Fernández, Marcio Borges Sá, Javier Cobo, Jordi Guardiola Capón, Juan Pablo Horcajada Gallego, Emilio Maseda Garrido, Josep Mensa Pueyo, Nicolás Merchante Gutiérrez, Patricia Muñoz, José Luis Pérez Sáenz, Miquel Pujol, Elena Reigadas, Miguel Salavert Lletí, José Barberán López

  • español

    El presente documento recoge la opinión de un foro multidisciplinar de expertos sobre distintos aspectos del diangóstico y tratamiento de la infección por Clostridioides difficile (CDI) en España. Se ha estructurado alrededor de una serie de preguntas que los asistentes consideraron pertinentes y en las que se llegó a una opinón de consenso. Los principales mensajes fueron los siguientes:

    CDI debe sospecharse en pacientes mayores de 2 años de edad ante la presencia de diarrea, ileo paralítico y leucocitosis inexplicada, aún en ausencia de los factores de riesgo clásicos.

    Salvo excepciones, es suficiente con una sola muestra de heces para su diagnóstico que pueden ser enviadas al laboratorio con o sin medio de transporte para bacterias enteropatógenas. En ausencia de diarrea, pueden ser válidos los isopados rectales. El laboratorio de microbiología debe incluir a C. difficile entre los patógenos buscados de rutina en pacientes con diarrea.

    Las pruebas de laboratorio en diferentes esquemas de orden y secuencia incluyen la detección de GDH, la presencia de toxinas, las pruebas moleculares y el cultivo toxigénico. No se precisa la determinación inmediata de sensibilidad frente a fármacos como vancomicina, metronidazol o fidaxomicina. La evolución de la persistencia de toxina no es un test adecuado para el seguimiento del proceso. El diagnóstico de laboratorio de CDI debe ser rápido y los resultados informados e interpretados a los clínicos con carácter inmediato.

    Además del soporte básico de toda diarrea, el tratamiento de CDI requiere la supresión de los agentes antiperistálticos, de los inhibidores de la bomba de protones y de los antibióticos, cuando sea posible. Vancomicina oral y fidaxomicina son los antibacterianos de elección en el tratamiento, restringiéndose metronidazol intravenoso para enfermos en los que no se pueda asegurar la presencia en la luz intestinal de los fármacos anteriores. El trasplante de materia fecal es el tratamiento de elección para pacientes con múltiples recurrencias pero persisten incertidumbres sobre su estandarización y seguridad.

    Bezlotoxumab es un anticuerpo monoclonal frente a la toxina B de C. difficile que debe administrarse a pacientes con alto riesgo de recurrencias. La cirugía es un procedimiento cada vez menos necesario y la prevención mediante vacunas se encuentra en fase de investigación. Los probióticos no han demostrado, hasta el momento, eficacia terapéutica ni preventiva. La estrategia terapéutica debe basarse, más que en el número de episodios, en la gravedad de los mismos y en la potencialidad de recurrir. Algunos datos apuntan a la eficacia de la profilaxis con vancomicina oral en pacientes que recurren cuando vuelven a precisar antibióticos sistémicos.

  • English

    This document gathers the opinion of a multidisciplinary forum of experts on different aspects of the diagnosis and treatment of Clostridioides difficile infection (CDI) in Spain. It has been structured around a series of questions that the attendees considered relevant and in which a consensus opinion was reached. The main messages were as follows:

    CDI should be suspected in patients older than 2 years of age in the presence of diarrhea, paralytic ileus and unexplained leukocytosis, even in the absence of classical risk factors.

    With a few exceptions, a single stool sample is sufficient for diagnosis, which can be sent to the laboratory with or without transportation media for enteropathogenic bacteria. In the absence of diarrhoea, rectal swabs may be valid. The microbiology laboratory should include C. difficile among the pathogens routinely searched in patients with diarrhoea.

    Laboratory tests in different order and sequence schemes include GDH detection, presence of toxins, molecular tests and toxigenic culture. Immediate determination of sensitivity to drugs such as vancomycin, metronidazole or fidaxomycin is not required. The evolution of toxin persistence is not a suitable test for follow up. Laboratory diagnosis of CDI should be rapid and results reported and interpreted to clinicians immediately.

    In addition to the basic support of all diarrheic episodes, CDI treatment requires the suppression of antiperistaltic agents, proton pump inhibitors and antibiotics, where possible. Oral vancomycin and fidaxomycin are the antibacterials of choice in treatment, intravenous metronidazole being restricted for patients in whom the presence of the above drugs in the intestinal lumen cannot be assured. Fecal material transplantation is the treatment of choice for patients with multiple recurrences but uncertainties persist regarding its standardization and safety. Bezlotoxumab is a monoclonal antibody to C. difficile toxin B that should be administered to patients at high risk of recurrence. Surgery is becoming less and less necessary and prevention with vaccines is under research. Probiotics have so far not been shown to be therapeutically or preventively effective. The therapeutic strategy should be based, rather than on the number of episodes, on the severity of the episodes and on their potential to recur. Some data point to the efficacy of oral vancomycin prophylaxis in patients who reccur CDI when systemic antibiotics are required again.


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