El espacio público urbano no suele estar pensado para ser amable. Hemos sacrificado demasiadas cosas al tráfico rodado y a la urgencia en la movilidad. Sola Morales ya nos llamó la atención sobre el respeto como uno de los factores fundamentales de lo que él entendía por urbanidad. Esas calle con aceras precarias por las que transitan dificultosamente paseantes imposibles, aturdidos por el ruido y la amenaza de los vehículos, constituyen una falta de respeto al ciudadano. Para nuestro profesor el respeto era: l’atenció del gran cap al petit, de les institucions públiques cap al ciutadà, això és el respecte.
Para ofrecer ese respeto, para conseguir que un espacio ofrezca un uso amable a toda clase de personajes ese espacio tiene que ser inclusivo y protector. Inclusivo porque todos tiene que sentirse bien en él (sobre las características del espacio inclusivo véase el Manual de la Vida Cotidiana redactado por Ana Paricio y publicado por el Ayuntamiento de Barcelona).
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