El Vaticano II hereda del siglo XIX y principios del XX dos corrientes de teología: una que acepta de una manera o de otra el encuentro con la modernidad y otra que la ignora en absoluto. El choque de las dos corrientes en las discusiones del Concilio provoca en primer lugar desconcierto y división. Pero, poco a poco, en las largas discusiones sobre la revelación se llega a aceptar la corriente abierta a las nuevas experiencias. La aprobación del documento afinal sobre la revelación no significa la anulación de las interpretaciones de Trento o del Vaticano I. Sin embargo, después del Vaticano II la coexistencia de las dos corrientes en la Iglesia es perfectamente legítima. Lo que ha sancionado el Vaticano II es la pluralidad en la Iglesia; y lo menos, pero quizá también lo más, que se puede pedir ahora a los católicos es la tolerancia, incluso cuando no se comprende.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados