La experiencia de la oración debe ser causa y vivencia de una liberación de la persona. Es imposible que se dé una espiritualización y una cristificación personal sin que ésta se exprese humanamente. Es todo el hombre el que cambia al entrar en la experiencia de Dios y sale transformado de ella. De ahí, la necesidad de establecer criterios de discernimiento y de evaluación de la oración. No toda oración puede ser llamada cristiana ni toda liberación del hombre se refiere a la salvación que nos trae Cristo. En estas breves reflexiones se ofrecen algunos criterios de evaluación y se reflexiona sobre las dimensiones de la oración.
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